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por vigo_pesqueiro

Esto convertía a Vigo  en punto neurálgico y estratégico de las comunicaciones mundiales de buena parte del siglo XX. Fue el 17 de mayo 1873, cuando la mayor empresa de telégrafo submarino del mundo, la “Eastern Telegraph”, fundada por John Pender,  inauguraba la comunicación telegráfico-submarina entre Porthcurno, en la región de Cornualles, entre Inglaterra y Vigo, dentro de un proyecto para reforzar la línea Reino Unido-Lisboa-Gibraltar. La elección del puerto de Vigo, fue la misma por la que romanos o catalanes se asentaron en nuestras riberas, por ser un excepcional puerto natural, totalmente protegido por las Islas Cíes, y con calado suficiente, perfecto para los buques cableros.

El buque que inauguró ese tendido del cable submarino fue El Buque Minia. Los cables de la Eastern fueron amarrados a una  calita (donde tres años más tarde se inauguraría la casa de Baños “la Iniciadora”), y desde allí pasaban a la Calle Real, nº 20, que es donde se encontraban las oficinas de la compañía.

Posteriormente se trasladarían a la Calle del Príncipe, por un breve período, para asentarse más tarde en la Casa Bárcena, hoy sede de Afundación, un ejemplo de la mejor cantería gallega en granito que podemos encontrar en la ciudad. Como curiosidad, a partir del año 1896, “Deutse See Telegraphegesellcraft”, El Cable Alemán, inaugura sus oficinas en este mismo edificio; Imaginaros la situación durante el período de la Gran Guerra. Por la presencia alemana en nuestra ciudad Vigo aparecería incluso ¡en el texto del Tratado de Versalles!.

Volviendo al Cable Inglés, hay que decir que la nueva sociedad británica llegó aquí con costumbres excéntricas para la época, y que dejarían una importante huella en la sociedad viguesa; Por ejemplo, cuando en toda España no se había oído hablar del Fútbol , aquí, los oficiales de la Eastern Telegraph, ya disputaban partidos contra los locales desde 1895.

Pero no solo practicaron fútbol, impulsaron también otros deportes, que en España, y mucho menos en la Galicia del siglo XIX, no estaban para nada desarrollados.

Así, en su Club Social ,que estaba en los bajos del Hotel Moderno, los empleados de la compañía contaban con salas de recreo con billares y mesas de ping-pogn.  Además, jugaban al tenis, practicaban remo por la ría, atletismo, hockey, o incluso, rugby. Otras de las costumbres que nos trajeron fue la de beber cerveza, algo super snob en la época.

La última sede del Cable Inglés, ubicada en el edificio de Correos y Telégrafos , funcionó en Vigo hasta el 31 de diciembre de 1969. Aquí estaba el famoso reloj del Cable Inglés, que marcaba la hora en toda la ciudad, sincronizado al segundo con el meridiano de Greenwich.

Posteriormente, Vigo llegó a ser una de las tres bases europeas atlánticas de cables submarinos, una actividad que estuvo en marcha desde el año 1970 hasta el 2002. El almacén estaba en el entorno del porto pesquero, en el muelle de Trasatlánticos, donde fueron inaugurados los Jardines del Cable;  de hecho, esas formas ondulantes que tienen los jardines son los antiguos Silos que se conservan. Uno de ellos, es ahora un punto de información muy completo sobre la historia de las comunicaciones en nuestra ciudad, de cuando todas las noticias del mundo pasaban “Vía Vigo”.



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